REC 2 (película)

rec2-poster1   La película comienza con los últimos minutos de la primera parte: La cámara de Rosso se enciende en el vehículo de los GEO’s, que se dirige al edificio infectado. EL GEO es Rosso (el camarógrafo principal), Martos, Larra y el jefe. Rosso comprueba las minicámaras de los cascos del los GEO’s mientras preparan sus armas y hablan acerca de la misión que van a tener, de la cual les han dicho que es de inspección y reconocimiento, que el lugar adonde van está sellado y que van a recibir más órdenes cuando lleguen. Mientras tanto, Rosso hace unos últimos arreglos a la cámara y los demás hablan de fútbol y hacen bromas. Finalmente, les informan que han llegado y bajan del vehículo, y se ve una gran multitud amontonada fuera del edificio. Llegan junto a un hombre (se supone que un representante del Gobierno), que les da indicaciones acerca de su misión, consistente en escoltar a un agente de Sanidad para averiguar lo que está pasando dentro del edificio, y les presenta al agente enviado por el Ministerio de Sanidad llamado Owen. Éste les menciona los síntomas de la enfermedad de los infectados del edificio —parecidos a la rabia y mucha agresividad— y también les menciona que perdieron contacto con el primer agente de sanidad que entró. Se colocan las mascarillas que el jefe les dio en el vehículo, cuando aparece un señor con una bolsa en las manos, que quiere hablar con los miembros del GEO; les pide entrar con ellos porque su mujer y su hija están dentro, que la hija tiene fiebre y que él fue a la farmacia a comprar las medicinas, pero la seguridad lo saca del lugar.

Entretanto, el GEO, junto con el agente, entran por el tubo de entrada de plástico al edificio. Una vez dentro encuentran todo oscuro, en silencio, sin la presencia de nadie y mucha sangre. También descubren unas esposas rotas (Las que sujetaron a Mari Carmen). El agente les dice que pueden quitarse las mascarillas porque el virus se transmite por los fluidos corporales, como la sangre, la saliva, etcétera. Después de eso suben las escaleras, mientras que el agente les indica que deben llegar hasta el ático porque se cree que el virus se originó ahí, a la vez que se oyen ruidos extraños de arriba y abajo. El jefe dice al agente que deberían asegurarse, pero éste le responde que no hay tiempo. Siguen subiendo, encontrando grandes manchas de sangre en las escaleras, hasta que finalmente llegan a la puerta del ático. El agente les dice que la abran con el ariete; Martos lo hace y entran al lugar, que está sumido en una completa oscuridad. Larra coloca un pequeño foco para iluminarlo. El agente empieza a revisar los textos que se encuentran en el lugar, y, mientras, Larra va a asegurar la puerta. Martos y el jefe investigan en el ático, a la vez que Rosso graba con la cámara las paredes, todo por orden del agente, al cual le pregunta qué están buscando. Éste le responde que se limite a grabar. Rosso cambia la cámara a modo fotográfico y toma varias fotografías a los periódicos que hablan acerca de la niña Medeiros.

En ese instante Martos dice que ha encontrado algo, el resto va adonde éste se encuentra y descubren la buhardilla abierta. Martos quita los seguros y la abren, se sube a una silla y entra al hueco, mientras Rosso conecta la minicámara de Martos para ver lo que hay; sin embargo, al no encontrar nada, Martos desciende.

Posteriormente se oye un grito y bajan a investigarlo, pero el agente les dice que no lo hagan; no obstante, el jefe le dice que puede haber supervivientes y lo desobedece. Cuando bajan, se empieza a oír una canción («Suspiros de España»). Martos baja a investigar, Rosso conecta su minicámara nuevamente y observa lo que él ve. Martos entra al piso, cuya puerta estaba abierta, avanza por el pasillo y encuentra el cuarto de donde viene el sonido de la música; entra y descubre que es un viejo tocadiscos funcionando. Martos lo apaga y sale de la habitación, cuando, de pronto, oye pasos y finalmente lo ataca la Chica Colombiana, la cual llega a morderlo. Martos intenta quitársela de encima, pero la señal de su minicámara se pierde.

Los demás GEO bajan las escaleras para salvar a Martos, a quien encuentran parado y quieto en el pasillo. Éste los ataca, bañado de sangre, y se le cae el casco debido a un golpe. Parece que no pueden tranquilizarlo, cuando el agente saca un crucifijo y empieza a rezar. Martos se queda mirando al crucifijo con odio, pero sin siquiera moverse; sin embargo, Larra lo patea y hace que entre en el cuarto del tocadiscos. Éste intenta abrirlo golpeando la puerta; el jefe lo retiene, pero no aguanta más hasta que Owen clava una daga en la puerta junto con un rosario, con lo que Martos se calma. Los GEO’s le piden explicaciones al agente y éste sólo les dice que se limiten a cumplir las órdenes. Sin embargo, el jefe lo obliga a que le diga. Owen le dice que se lo va a explicar, pero que regresen al ático porque ahí no están seguros. Una vez allí, el agente les dice que no es un simple virus, y empieza a hablarles acerca de una niña llamada Tristana Medeiros, la cual había mostrado signos de posesión en la pubertad. El Vaticano ordenó que la investigaran —ya que era la oportunidad perfecta para investigar los síntomas fisiológicos de una posesión— y se encargó de ello un cura llamado Albelda. Sin embargo, algo debió de salir mal, y apareció el virus.

Larra al principio no lo cree y se ríe, diciendo «¿dónde nos han metido?», y pregunta al agente que si lo había mandado realmente el Ministerio de Sanidad. Él les dice que no saben quién manda realmente ahí, y revela que es en realidad un cura (se quita parcialmente su chaleco reflectante y muestra su vestidura eclesiástica). Larra se ríe nuevamente, pero el agente les dice que nadie puede enterarse de lo que está pasando realmente, y después de una discusión el cura les dice que deben encontrar una muestra de sangre de la niña Medeiros, que Albelda dijo que tenía escondida en el ático. El jefe dice que lo harán lo más rápido posible para salir de una vez del edificio.

Se adentran en lo más profundo del ático, pero no encuentran la muestra, y llegan a un pasadizo sin salida, donde descubren un fichero con fotos de niños que habrían sido parte de experimentos. Vuelven a discutir, cuando Larra pide silencio y un niño los ataca saliendo de la nada. El niño se pega a la pared del techo y huye. Intentan buscarlo, y encuentran la trampilla de la buhardilla moviéndose, como si alguien la hubiera tocado hace unos segundos. Entonces oyen unos pasos por encima de ellos que repentinamente se detienen. En ese momento los GEOS disparan al techo, y cesan los pasos. Se derrumba parte del techo, y se puede ver que hay unos conductos.

Mientras cae un poco de pared, también lo hace un cadáver casi descompuesto. El cura lo revisa y descubre que se trata de Albelda. En ese instante el agente constata que la muestra puede estar ahí, en los conductos, pero inesperadamente son atacados de nuevo por el niño, el cual se detiene y en una extraña posición se queda quieto. El cura ordena que le disparen, pero los GEI le dicen que sólo es un niño. Sin embargo, el cura agarra la escopeta del jefe, dice que no lo es y le vuela la cabeza. Luego cogen una silla y Larra entra a los conductos, mientras Rosso conecta su minicámara y ve cómo Larra abre una rejilla y sigue gateando. Encuentra un pequeño refrigerador que estaba encendido, lo abre y encuentra un tubo de ensayo que contiene sangre. En dicho tubo hay un letrerito que dice: «Medeiros». Cuando se empieza a marchar, oye algo al fondo de los conductos y ve cómo surgen muchos más niños e intentan atacarlo, pero los detiene con la rejilla, baja de los conductos y entrega la muestra al cura.

El jefe les dice que salgan, pero el cura dice que tienen que asegurarse de que sea la muestra correcta. El cura coloca en un plato un poco de la sangre, y el resto se la da al jefe; el cura saca su crucifijo y, rezando, lo coloca encima de la sangre, que hierve y se incendia al instante; el cura dice que es la sangre que buscaba; sin embargo, la que tiene el jefe también se incendia y la suelta, así que cae al suelo y se pierde la muestra, por lo que el cura se enfada. El jefe dice que deben salir, pero el cura le dice que seguirán buscando. Larra se ríe de manera sarcástica, salen del ático y encuentran a un hombre parado con una bolsa en las manos; los GEOS le disparan y lo tiran por el hueco de la escalera, donde miran y ven que hay un grupo de chicos y un bombero con una cámara. El cura ordena que los sigan, pues no debe haber cámaras grabando sin autorización, y entonces los siguen, pero no los encuentran. Larra entra a uno de los pisos, cuando ven al hombre que habían tirado de pie y subiendo por la escalera. Acto seguido, ven a una gran cantidad de infectados (entre los que están la pareja japonesa, la colombiana, Sergio, Pablo, Alex y Manu) bajando las escaleras directos hacia ellos, entonces el jefe da la escopeta al cura para que se defienda, mientras el jefe dispara a los infectados a quemarropa, sin éxito alguno; Finalmente, los infectados llegan donde ellos y se crea un gran caos, aunque abren la puerta de uno de los departamentos y entran allí, pero el jefe es agarrado por los infectados; Rosso lo agarra y logra entrar en el piso. Todos quedan asustados y atónitos por lo ocurrido, pero se dan cuenta de que falta Larra; entonces Rosso activa su minicámara y ve que Larra se encierra en el piso donde estaba mientras los infectados intentan abrir el de enfrente, donde se encuentran los demás; Larra avanza y se encuentra con la Sra. Izquierdo. Larra intenta calmarla, pero ella lo ataca y Larra le dispara a la cabeza y la anciana cae al suelo. Se da la vuelta y ve a Pablo abriendo la puerta, y Larra le dispara en el torso, haciéndolo caer; sin embargo, para su mala suerte, se le acaba la munición del arma y se desespera; pierde toda esperanza cuando ve que los dos infectados se levantan del suelo para volver a atacar, y en eso, Manu entra con más infectados y arremete contra Larra; éste los detiene con la puerta de un cuarto de baño, pero en él hay otro infectado (César), lo agarra, lo lanza a la Sra. Izquierdo y se encierra en el baño. Intenta buscar una salida, pero los infectados están destrozando la puerta; entonces el jefe le dice que tiene una pistola con suficiente munición para salir de allí, pero Larra se la coloca en la boca, mirándose al espejo, y, cuando finalmente los infectados entran, se suicida y se pierde su señal. El jefe se enfada y agarra la radio del cura para salir, pero tiene reconocimiento de voz, por lo que no consigue hacer que funcione. El cura dice que todavía no han terminado, y dice al jefe y a Rosso que ahora deben buscar a la misma niña Medeiros para encontrar un antídoto, ya que si el virus saliese del edificio (lo más probable), necesitarían una cura. Ellos le responden que no se sabe si sigue viva, pero el cura insiste. El jefe encuentra, en ese instante, cerca de ellos, el cuerpo de una mujer, con un cohete usado en la boca, cuando Rosso le dice que recibe señal de la minicámara de Martos, y el jefe dice que se la muestre; en las imágenes se ven a los chicos antes vistos en las escaleras y el bombero, pero estos miran algo y después se pierde la señal. El jefe no entiende lo que pasa, cuando son atacados por Jennifer, que es agarrada finalmente por el jefe. El cura agarra su crucifijo, lo pone delante del rostro de Jennifer y le pregunta dónde está Medeiros, el jefe le pregunta asustado que si la conoce; finalmente, el cura dice que Medeiros habla a través de los infectados, y Jennifer se ríe burlándose del cura y habla con una voz extraña, y el cura pregunta otra vez dónde está, pero Jennifer se niega y se suelta, y vomita una gran cantidad de sangre; la cámara cae al suelo y se ven las sombras de los Geos, Jennifer y el cura, y se oye un balazo, chorrea sangre a la cámara y los gritos de Jennifer se detienen; el cura se enfada y dice que era su última oportunidad. El jefe le dice que aún tienen una: Martos. En ese momento, Rosso dice que la cámara está fallando porque se ha estropeado por los golpes y está dejando de grabar, entonces la imagen se paraliza y, finalmente, la cámara se apaga.

Luego, una grabación de otra cámara se empieza a ver, situada en el ático exterior de un edificio, donde un grupo de adolescentes (antes vistos por el Geo en las escaleras y en la minicámara de Martos) Uri, Mire y Tito, han atado tres cohetes pirotécnicos en una muñeca con intención de hacerla volar, pero no resulta como querían, y en ese momento, se les acerca un grupo de seguridad con armas en mano, los cuales les dicen que están evacuando el edificio; entonces apagan la cámara y obedecen. Luego, la vuelven a encender fuera del edificio en cuarentena y ven al Geo con el agente (cura) a punto de entrar al edificio. En ese momento aparece el tipo con la bolsa en sus manos, pero lo alejan del lugar y el Geo entra al edificio, pero los chicos se alejan del lugar y encuentran al tipo de la bolsa hablando con un bombero y viendo unos planos. El par se marcha y los jóvenes lo siguen, llegando a un agujero de las alcantarillas, y dicen que los tipos que habían visto (el bombero y el hombre de la bolsa) habían entrado por ahí; deciden entrar con intención de hacer algo «guapo», pero Mire se niega y le quita la cámara a Uri, mientras Tito le reclama y Uri intenta convencerla, pero Mire apaga la cámara. La cámara vuelve a ser encendida, ahora en las alcantarillas; los chicos continúan avanzando, a pesar del olor, y en eso ven un grupo de soldados que los habían seguido, y por miedo a que les disparen, los jóvenes entran a una escalera que se encontraba conectada con las alcantarillas. Llegan al taller textil del edificio, en donde Uri encuentra una pistola, la cual accidentalmente se dispara, y esto hace que el bombero que habían visto se acerque y les diga que salgan del edificio porque es muy peligroso, muestra su incomodidad por la cámara y ordena que la apaguen, pero Uri vuelve a disparar accidentalmente, el bombero le pregunta que de dónde ha sacado el arma y se da cuenta de que es una reglamentaria de policía. Mientras tanto, el tipo de la bolsa le pide que busquen a su familia, y el bombero le dice que también quiere buscar a sus compañeros. Tito se pone a discutir con él, pero el bombero le da una cachetada y Tito dice que se van, pero se dan cuenta de que han soldado la entrada, al parecer, los habían visto. El bombero ordena que apaguen la cámara y lo hacen, pero la vuelven a encender en el portal del edificio, donde ven el charco de sangre, y el bombero dice que lo graben (en modo sarcástico), suben al hogar de la familia de Javier (Jennifer y Maricarmen), cuando oyen la canción «Tierra extraña» empezando a sonar. Javier busca por la casa a su familia, hasta que abre la cocina y encuentra a su esposa, y le pregunta dónde está su hija; ella no responde, y se le echa encima, Tito agarra un cohete y se lo mete en la boca, el cual, después de un rato de combustión, explota. Javier dice que le ha mordido y que va a tomar agua para tomar unas pastillas, y se va. Los jóvenes ruegan al bombero que los saque de allí, y éste hace señas en la ventana, pero los del exterior le dicen que se aleje de la ventana y empiezan a disparar, todos se agachan y salen del piso casi gateando.

Cuando el grupo sale del piso, sube las escaleras y oye gritos y disparos de arriba, cuando, de repente, ven a Javier caer por el hueco de la escalera; es en ese momento cuando ven a los miembros del GEI, y éstos les preguntan qué hacen ahí y quiénes son, pero ellos corren y se esconden en un piso cercano, mientras oyen a los GEO´s bajar la escalera. Entonces encuentran el casco de un GEO (Martos) y lo revisan, activando el envío de imágenes, pero oyen la voz lastimosa de una niña en un cuarto diciendo que está asustada y que quiere ver a su padre. Los jóvenes ven que la habitación tiene una daga con un rosario colgando (donde fue encerrado Martos), entonces le dicen al bombero que deben sacarla, abren la puerta y no encuentran nada; sin embargo, el haz de luz ilumina unos pies, suben la vista y contemplan a Martos, quien ataca a Tito; el bombero lo golpea e intenta dispararle con la pistola del policía, que se le cae al suelo en la pelea. Dice a Mire que dispare al infectado, pero Mire, por error, dispara en la cabeza al bombero, matándolo en el acto. Martos la ataca, pero también acaba con él. Mire llora porque ha matado a dos personas, cuando en ese momento aparecen los GEO´s con el cura, quienes, al ver la puerta donde estaba Martos abierta, les preguntan dónde está y les dicen que lo han matado. El cura dice que era la última oportunidad, en esos momentos, Tito dice que le han mordido, a lo que el cura responda que se haga lo que se debe en esos casos y que necesitan a Tito; entonces el jefe intenta agarrar a Tito, pero le da miedo y sale corriendo, el cura ordena que lo agarren mientras Mire y Uri son mandados a que entren al cuarto de Martos, la cámara cae al suelo, Tito se acerca a él y se ve cómo se transforma, poniéndose sus ojos rojos, haciendo ruidos extraños, queriendo vomitar, y el cura ordena a Rosso que agarre la cámara de los jóvenes para que lo graben todo; Rosso lo hace, y se ve una sombra a la entrada del pasadizo que se acerca hacia ellos. La luz la ilumina, revelando que es una mujer asustada con una cámara en sus manos, mientras la cámara de los jóvenes muestra el símbolo de batería agotada y, finalmente, enfocando el rostro de la mujer (que es Ángela Vidal), la cámara se apaga.

Se oyen las voces del cura y Rosso, que hablan acerca de la cámara, que la van a encender, y finalmente lo hacen. La cámara se enciende en visión nocturna, pero Rosso lo cambia a visión normal y enfoca a la mujer. El cura le pregunta quién es y ella responde que es una periodista que estaba grabando un programa de televisión. El cura dice que debe de ser la reportera que entró con los bomberos, y ella lo afirma. El jefe revisa si está infectada comprobando sus ojos con una linterna, y se dan cuenta de que no lo está. Entonces ella dice que la vio; el cura dice que debe de ser la niña. Le dice donde está, en el ático, pero no la creen, ya que habían estado allí antes y no había nadie. Entonces se dirigen donde está Tito, que está amarrado a una silla para interrogarlo y controlarlo. El cura le coloca el crucifijo delante de su rostro, y le pregunta dónde está, pero le responde con insultos hacia su madre y más, pero el cura no se asusta, Tito empieza a decir «en todas partes», «en lo más alto»; el cura toma esto como que él es todos los infectados y está por todos lados, Se ponen a pensar, y Ángela les dice que está en el ático, pero que la vio a oscuras, el cura le pregunta cómo, ella responde que con la cámara y, con esto, Rosso afirma que la cámara tiene visión nocturna. Entonces el cura, mediante un pasaje bíblico, dice que en donde está la niña Medeiros no se refleja la luz, entonces dice a todos que se dirijan al ático nuevamente. Mientras suben les parece extraño que los infectados no los ataquen ni aparezcan; en tanto, llegan al ático y el cura dice que sabe por dónde empezar; se dirigen al lugar, donde antes se habían quedado sin salida (los ficheros), entonces Rosso dice que no hay salida, pero el cura dice que apaguen todas las luces y que activen la visión nocturna, Rosso lo hace y se muestra sorprendido, porque cuando había luz, había una pared, pero ahora hay una puerta, vuelve a encender la luz y ve la pared nuevamente. Owen dice que vuelva a la visión nocturna y que le indique dónde está la puerta, Rosso le indica y el cura abre la puerta y entran. Encuentran un extraño lugar, pero parece no haber nadie; el cura dice que vuelvan a apagarlo todo, y vuelven a inspeccionar con la visión nocturna; el jefe encuentra una especie de recipiente grande con líquido, en donde tantea algo e intenta agarrarlo, pero unos brazos salen de él, agarran al jefe y desaparece. Rosso enciende la luz de nuevo y encuentra sólo un lavadero, el cura ordena que es ella y que activen la visión nocturna de nuevo; lo hace, y mientras enfoca a todos lados se ve una mano con un martillo, sube la cámara y ve a la niña Medeiros, quien ataca a Rosso. La cámara cae al suelo mientras Ángela dice que es ella, el cura dice a Rosso que busque la cámara, mientras, se ve la mano de Medeiros que bota agua y agarra el martillo, luego Rosso encuentra la cámara. El cura pregunta que dónde está, y Ángela dice que no los puede ver, solo oírlos. Entonces se quedan en silencio, y la niña Medeiros se acerca a Rosso quien enfoca su rostro muy de cerca, pero finalmente hace además de irse; sin embargo, la radio del cura suena para pedirle información sobre la situación de lo que pasa dentro, él intenta apagarla, Ángela se acerca para ayudar a encontrar la radio, pero la niña Medeiros aparece en la espalda del cura y lo ataca con su martillo; en un forcejeo entre Medeiros y el cura para inyectarle, Ángela grita a Medeiros y ella agarra por la cabeza a Ángela, quien dispara la escopeta, volando la cabeza de la poseída. Ángela, sonriendo triunfadora a la cámara, dice que ahora van a salir, pero el cura le dice que no han terminado, ni podrán terminar, la misión ya que deben tener una muestra de la sangre de Medeiros estando viva, pero Ángela insiste en que la misión ha terminado; Rosso enciende la luz de la cámara nuevamente y ve cómo Ángela golpea despiadadamente al cura con la escopeta, y él dice que tiene una misión y que no ha terminado. Rosso intenta calmarla diciendo que lo necesitan para salir, entonces, Ángela le dice: “calla”, dispara y mata a Rosso; la cámara cae al suelo, al lado del cura, que está desangrándose. Ángela se le acerca y lo patea, y el cura empieza a rezar en latín, pero Ángela lo calla e intenta obligarlo a que dé la orden, pero el cura se da cuenta de lo que pasa y le pregunta que cómo lo ha hecho, y ella ríe con una risa diabólica, burlándose del cura, quien sigue confiado en que Dios lo protege, pero Ángela le dice, con una imitación perfecta de su voz, que lo más gracioso es que no lo necesita, y le golpea fuertemente la cabeza con la cámara, con lo que Owen muere. Ángela coge la radio del cura e inicia el reconocimiento de voz, lo supera y dice que la misión ha terminado y que solicita evacuación para una sola sobreviviente, una mujer, y que el cura está infectado y se queda; entonces, la operadora le pregunta al supuesto Owen que cómo la mujer ha sobrevivido, pero no responde, solo sonríe malévolamente, mirando a la cámara, mientras se oye el extraño ruido del final de la primera película. Inmediatamente, se repite el final de la primera parte, pero ahora se le agregan los momentos inmediatamente posteriores, cuando Ángela vuelve hacia la cámara, desesperada por sobrevivir, pero la niña Medeiros la agarra y después une su boca con la de Ángela, traspasándole un gusano maligno (la semilla de la infección) que se introduce en su cuerpo. La niña Medeiros se retira del lugar, Ángela se encuentra desmayada y se oyen voces fuera del ático: las del cura y los Geos que acababan de llegar al ático. Ángela sonríe, mirando a cámara, se levanta, la recoge y la apaga.

Descarga: http://www.mejortorrent.com/peli-descargar-torrent-2996-Rec-2.html

Okiku, la muñeca poseída japonesa

okiku-muneca-poseida-japonesa   La historia de la conocida muñeca Okiku comenzó en 1918, cuando un joven de 17 años llamado Eikichi Suzuki compró una muñeca a su hermana Kikuko, de 2 años, como recuerdo durante su visita a la exposición marina de Saporro, en la isla japonesa de Hokkaidō. La muñeca media unos 40 cm de alto y vestía con un kimono tradicional japonés. Sus ojos parecían perlas negras dentro de una cara blanca de porcelana hiperrealista, y con un pelo negro hasta el hombro de corte tradicional. Eikichi inmediatamente supo que esa muñeca era para su hermana y cuando la vio la compró de inmediato.

Y así fue, la niña disfrutaba con su nueva muñeca, y jugaba con ella todos los días, incluso le puso un nombre, Okiku. Los dos eran inseparables, iban juntas a todas partes hasta que la tragedia llegó a la familia. La pequeña de la casa se puso muy enferma y murió al poco tiempo debido a complicaciones con la gripe y la fiebre. En memoria de su pequeña hija, la familia colocó su amada muñeca Okiku en un altar.

Fenómenos sobrenaturales

Pero no pasó mucho tiempo hasta que la desconsolada familia comenzara a notar algo extraño en la casa. El pelo negro azabache de la muñeca, que había sido recortado hasta los hombros con un estilo tradicional, comenzó a crecer y a despeinarse misteriosamente. En poco tiempo, el pelo había crecido hasta las rodillas de la muñeca, lo que causó que la familia creyera  que el espíritu de Kikuko estaba de alguna manera en la muñeca. Incluso cuando volvieron a cortar el pelo de la m ñeca, este volvía a crecer inexplicablemente y siempre parándose en las rodillas.

Debido al comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1939, la familia Suzuki decidió trasladarse a la Isla de Sajalín. Y aunque que creían que el espíritu de su hija se encontraba en el interior de la muñeca, no estaban dispuestos a llevársela con ellos, por lo que decidieron llevarla al templo Mannenji, en la ciudad de Iwamizawa, Japón. La familia explicó al sacerdote del templo las cualidades sobrenaturales de la muñeca, sin embargo, él aceptó cuidar de la muñeca. Todos los monjes del templo comprobaron con sus propios ojos como el pelo de la muñeca seguía creciendo. Cortar el pelo a la muñeca se convirtió como una tarea habitual en el templo, y los monjes colgaban como adorno las fotografías de la muñeca con el pelo de diferentes medidas.

A día de hoy, la muñeca continúa estando en el templo Mannenji, custodiada dentro de una modesta caja de madera, y su pelo sigue creciendo. La muñeca embrujada Okiku es conocida en todo Japón, una historia que con el paso del tiempo se convirtió en novelas, películas u obras de teatro.

Un fenómeno sin explicación

A día de hoy no está claro el porqué del inusual crecimiento del cabello en la muñeca Okiku. Nadie ha sido realmente capaz de explicar cómo puede ser que su cabello siga creciendo de manera continuada durante casi un siglo. Muchos son los científicos que han analizado las muestras de pelo de la muñeca embrujada Okiku, determinando que el pelo es de origen humano, pero nadie tiene una explicación científica para este fenómeno. ¿Es este un verdadero fenómeno sobrenatural o algún tipo de engaño? ¿Qué está pasando con esta muñeca? ¿Es esto una especie de truco o existen fuerzas paranormales que no entendemos que hacen crecer su pelo perpetuamente?

Por el momento, cualquier persona que desee ver a la muñeca poseída Okiku lo puede hacer en el templo Mannenji. Continúa estando en su caja, vestido con su kimono, con su pelo creciendo continuamente, y con la mirada fija en todos los visitantes, tal vez para buscar una forma de regresar a la vida.

REC (1)

a_REC-273731015-large

La película es narrada por una periodista y un operador de cámara, que van a documentar cómo es la vida nocturna de una estación de bomberos con la esperanza de grabar alguna misión importante. El cuartel recibe una llamada de emergencia de un edificio, que responden dos bomberos acompañados de los periodistas acudiendo al lugar de la llamada sin saber qué encontrarán.

La reportera Ángela Vidal y su camarógrafo Pablo realizan un reportaje acerca de la vida de los bomberos en una noche cualquiera. Matan el tiempo realizando entrevistas, grabando la cena de los bomberos y esperando a que haya una alarma que le dé vida al reportaje. La ansiada alarma interrumpe un partido de baloncesto y los reporteros acompañan al equipo de bomberos al lugar del aviso. Al llegar allí, hay en la puerta una patrulla de policía que se interna en el edificio junto a los reporteros y a dos bomberos, Manu y Álex. En la entrada los vecinos les explican que llamaron a emergencias asustados por los escalofriantes gritos de la señora Izquierdo, una anciana vecina. De camino al apartamento de Conchita Izquierdo, los agentes policiales muestran su incomodidad ante la cámara de Pablo. Cuando logran forzar la puerta, encuentran a la anciana cubierta de sangre al fondo del pasillo. El policía más veterano: Vicente, habla con ella para indicarle que la bajarán a la ambulancia, pero la anciana sufre un ataque de ira y, en un descuido, le arranca de un mordisco un pedazo de piel a Vicente. Cuando se intenta evacuar al policía para atenderlo y detener la hemorragia, se encuentran con que el Ministerio de Sanidad ha puesto el edificio en cuarentena y nadie puede entrar ni salir. Entonces empiezan las discusiones entre los vecinos. Mari Carmen, una vecina, explica que su marido ha salido a comprar medicinas para su hija Jennifer, que está enferma y que no puede volver a entrar cuando el cuerpo mordido y ensangrentado de Álex cae desde el piso de la Sra. Izquierdo a quien estaba cuidando. Los vecinos mencionan un taller textil al que trasladar a los heridos mientras los reporteros deciden regresar al piso de Conchita, que parece vacío. De repente, aparece una chica que corre hacia ellos cojeando para caer a sus pies. Sergio y Manu llegan al apartamento para ver cómo reaparece la señora Izquierdo, quien se dirige como una loca hacia la cámara. El policía la abate a disparos. Regresan todos al taller textil en busca de una puerta trasera pero la encuentran sellada. Desde fuera les advierten que no salgan y les informan que se ha puesto en marcha el protocolo NBQ para amenazas nucleares, biológicas o químicas. Los vecinos se dan cuenta de que están incomunicados: no hay línea telefónica, ni señal de radio ni televisión. Mari Carmen se preocupa por las anginas de su hija y Guillem, el presidente de la comunidad de vecinos, propone saltar desde una ventana del primer piso para huir. Al llegar allí, el edificio está siendo cubierto por una tela blanca que impide cualquier salida. Los vecinos, al borde del pánico, hacen por rebelarse, lo que provoca la agresividad del policía joven que les amenaza si no siguen las órdenes. Manu lo calma. Pasan dos horas, durante las cuales los heridos han sido trasladados al taller textil y Ángela ha entrevistado a los vecinos. En las entrevistas se informa que además de Jénnifer, Max ,el perro de Jénnifer, también está enfermo y lo han llevado al veterinario. Los vecinos ayudan a Manu a hacer un listado de residentes para comprobar que estén todos. Se encuentran presentes Guillem, César, Mari Carmen y su hija, una pareja de ancianos y una familia china. Faltan el abuelo de la familia china (que está paralítico) y “la colombiana”, que imaginan que es la chica que estaba en casa de la señora Izquierdo. Todos afirman que en el ático no vive nadie. En ese momento, el policía recibe el aviso de la inminente entrada de un médico/inspector de Sanidad que viene a investigar los casos. Este entra en medio de una gran seguridad higiénica y acompañado de guardias: todos cubiertos completamente y con mascarilla. Mira a la cámara con incomodidad y procede al examen médico. Inyecta una sustancia a los enfermos, pero al esposarlos para tratarlos les atacan. Consiguen reducirlos y cerrar el taller, dejando a Guillem con los infectados. El médico les explica que el virus se transmite a través de fluidos corporales, tales como sangre y saliva, y que el tiempo de reacción varía según el tipo de sangre.

Los vecinos exigen al inspector que explique las causas del aislamiento. El agente explica que la alarma se originó en la consulta de un veterinario que había tratado a un perro que resucitó de un coma y atacó a los demás animales. Tras tratarlo con tranquilizantes, lo sacrificaron. El perro pertenecía a este edifico. Ángela recuerda las entrevistas y pregunta si el perro se llamaba Max. Todos giran su mirada a Jennifer que va en brazos de su madre. Mari Carmen insiste en las anginas, pero el inspector pide calma y permiso para revisar a la niña por si su perro fuera el foco de infección. En ese momento, Jénnifer vomita sangre a la cara de su madre que, sorprendida, la suelta y deja que huya escaleras arriba gritando desesperadamente. Los vecinos impiden que Mari Carmen corra detrás de ella y Sergio la esposa, mientras que Manu y Pablo van en busca de la niña para inyectarle un tranquilizante que les ha dado el médico.

Empiezan revisando el apartamento de la señora Izquierdo, del que han desaparecido los cuerpos. Encuentran en el apartamento a Jénnifer, de pie e inmóvil. El policía se le aproxima para inyectarle el tranquilizante. Sorprendido por el intenso rojo de las pupilas de Jénnifer, ésta lo muerde e intenta ir a por Manu. El policía la retiene para que Pablo escape, pero su huida es frenada por la señora Izquierdo que se abalanza sobre ellos. Manu la golpea dejándola inconsciente y huyen escaleras abajo. En la entrada se encuentra al resto de vecinos que suben las escaleras alejándose del resto de infectados que están a punto de escapar del taller. Intentan quitarle las esposas a Mari Carmen para que huya, pero las llaves las tiene el policía joven. El médico corre hacia el apartamento a ver si puede recuperarlas, mientras Ángela sigue forcejeando para liberar a la pobre madre. Sin tiempo para huir, la dejan sola a merced del salvaje ataque de los infectados.

Escaleras arriba llegan al piso de César que les da refugio. Aunque en un primer momento los infectados intentan romper la puerta se acaban retirando. César propone hacerse fuertes en ese piso hasta que vayan a rescatarlos. Leandro, el inspector, que también ha sido mordido, se encierra a sí mismo en otro cuarto para no contagiarlos. César recuerda entonces otra salida desde el taller textil que lleva a las alcantarillas. El problema es que la llave que abre la trampilla metálica está en casa de Guillem. Mientras razona su opción, Leandro le agarra a través de la verja que le mantenía encerrado y muerde a César. Ángela, Manu y Pablo abandonan la casa, no ven a nadie e intentan recordar cuál era el piso de Guillem. Sus cábalas son interrumpidas por el ataque del Japones (infectado) que Manu reduce. Deciden bajar a la entrada para mirar los buzones y observan que el “cadáver” de Mari Carmen está en pie y aún esposada. Pasan a su lado corriendo de camino al piso de Guillem y se cruzan con la chica colombiana, de la que se deshacen Manu y Pablo no sin antes dar la sensación de que ha infectado a Ángela. La reportera se desespera pero resulta ser una falsa alarma. A medio camino de su destino, se apagan las luces del edificio y Pablo enciende la luz de la cámara justo para ver a la Japonesa infectada que los ataca pero que Manu detiene de un mazazo no sin antes vomitarle sangre en la boca.

Finalmente, llegan al departamento de Guillem. Manu abre la puerta con el mazo y se queda de vigilante mientras Pablo y Ángela buscan las llaves de la alcantarilla. Encuentran un montón de llaves y las cogen todas pero al salir Manu no está en su posición. Al mirar por el descansillo, observan a todos los infectados, Manu incluido, corriendo hacia ellos. Ángela y Pablo se refugian en el ático justo a tiempo para no ser infectados. Los enfermos intentan tirar la puerta abajo. La luz de la cámara se apaga. Los ruidos se detienen: los infectados se retiran. Al encender la luz de nuevo, Pablo y Ángela ven todo tipo de crucifijos, elementos religiosos, instrumental experimental y una pared forrada de recortes de diario sobre una niña portuguesa poseída llamada Tristana Medeiros que había desaparecido de una clínica. Uno de los recortes se titula “Química e Iglesia”. En el techo del ático se escuchan unos extraños ruidos que aterran a Ángela. Con cautela entran hasta el fondo del ático y encuentran una grabadora. La voz de un hombre habla sobre la niña y como la enzima que le extrajeron ha mutado y se ha vuelto contagiosa. La voz asegura que el Vaticano ha ordenado que la maten, pero se teme lo peor. Ángela ata cables y cree que tiene que ver con lo del virus, pero sus cavilaciones son interrumpidas por una trampilla en el techo que se abre. Pablo mete la cámara para buscar una salida, pero es atacado por un niño que estaba allí y rompe la luz de la cámara dejándolos a oscuras. Pablo activa la visión nocturna para guiarse pero se da cuenta de que hay alguien más: una mujer muy delgada y en un estado deplorable armada con un martillo pero que parece que no les puede ver. Pablo indica a Ángela que no haga ruido e intentan escapar, pero tropiezan con algo y provocan el ataque de la mujer. Pablo insta a Ángela a que corra mientras él hace frente a la mujer, que finalmente lo infecta. Ángela recoge la cámara que ha caído al suelo y ve cómo la mujer intenta hacerle algo a Pablo. La reportera grita horrorizada y la mujer la ataca. Ángela cae al suelo y se arrastra hacia la cámara. Se oye un ruido extraño, como el chillido de una niña, y Ángela es arrastrada hacia la oscuridad.

UB-65 El Submarino Embrujado

extrac3b1o  El U-65 era un submarino alemán de la Primera Guerra Mundial, cuya extraña historia se inicia antes de abandonar los astilleros de Brujas, Bélgica.
Una viga destinada a la eslora de la cubierta mató a un obrero convirtiéndose en la primera víctima de una cadena de extrañas muertes ocurridas en torno a este submarino. Durante las pruebas iniciales de navegación tres tripulantes murieron asfixiados al llenarse de gases la sala de máquinas.

En pruebas posteriores efectuadas junto a una flotilla de submarinos gemelos, las cuales se iniciaron sin problemas, el capitán ordenó la primera inmersión del UB-65. El mar estaba en calma y había una brisa suave. Antes de sumergirse, el capitán ordenó a un marinero ir a proa a realizar una inspección de las escotillas, esta era una inspección de rutina, pero en vez de efectuar la inspección, inexplicablemente el marinero saltó por la borda siendo atrapado por el remolino del submarino.

Una vez iniciada la inmersión, el capitán ordenó estabilizar la nave a los diez metros, extrañamente continuó descendiendo hasta chocar con el fondo del mar, quedando inmóvil. Cerca de doce horas permaneció en esta situación en el fondo del mar, y filtrándose el agua. Nuevamente comenzó a llenarse de gases, pero en ese momento, tan extrañamente como se había hundido, comenzó a moverse y ascendió a la superficie.

Luego de estos extraños sucesos fue enviado a los astilleros para ser revisado en seco. A los pocos días fue declarado apto para el servicio, siendo aprovisionado y armado. Cuando se efectuaba esta maniobra la cabeza de uno de los torpedos estalló, matando al segundo teniente y ocho marineros.

Fue remolcado al dique pero en esos momentos un marinero aseguró haber visto al segundo teniente, muerto en la explosión, de pie en la proa y con los brazos cruzados. Al ser reparado, y antes de iniciar la navegación, otro marinero que deserto aseguró que él también había visto al segundo teniente en el mismo sitio.

Se le ordenó al capitán del UB-65 zarpar con rumbo al estrecho de Dover, durante todo el trayecto varios tripulantes aseguraron ver al oficial muerto. Uno de los testigos fue el oficial de servicio, quien aseguró haber visto su fantasma y cómo éste se desvanecía.

Al regresar a la base, ésta se encontraba bajo un fuerte ataque aéreo, lo cual no afectó a la tripulación ya que lo único que deseaban era abandonar la nave.

En los momentos que el capitán bajaba la pasarela, fue muerto al ser alcanzado por la metralla.
Todas estas muertes, que habían sido acalladas por la marina, motivaron que los altos mandos de la marina imperial, para tranquilidad de los marineros, tomara la decisión de ordenar a un sacerdote que exorcizara el submarino.

Pero al parecer no dio resultado, porque en la siguiente misión del UB-65 un tripulante se suicidó, un artillero se volvió loco y el primer maquinista se quebró una pierna.

El 10 de julio de 1918 el L-2, submarino norteamericano, divisó un submarino alemán navegando a la deriva frente a las costas de Irlanda. El capitán del L-2 ordenó maniobrar para atacarlo. Al mirar por el periscopio notó una extraña figura que permanecía de pie, en la proa de la nave, con los brazos cruzados. A los pocos segundos una enorme explosión destrozó al UB-65.

El UB-65 y su tripulación fantasma, tal vez siga navegando los mares.

La morada del miedo (The Amityville Horror)

La_morada_del_miedo-641359054-large

El 13 de noviembre de 1974, la Policía del Condado de Suffolk recibió una terrorífica llamada telefónica para que acudieran cuanto antes al número 112 de la Avenida Ocean, en Amityville, Long Island. Al llegar a la impresionante casona colonial holandesa, descubrieron que se acababa de cometer un crimen espeluznante que conmocionó a todos los habitantes de esta pacífica comunidad: Una familia al completo, había sido brutalmente asesinada mientras dormían en sus camas. En los días posteriores, Ronald DeFeo Jr. confesó haber disparado metódicamente contra sus padres y sus cuatro hermanos con un rifle mientras dormían, argumentando que había escuchado unas “voces” en la casa que le habían impulsado a cometer estos terribles asesinatos.

7kElXEIRN4mSnUHSQXRHiVVIWlS   Un año más tarde, George (RYAN REYNOLDS) y Kathy Lutz (MELISSA GEORGE) se mudaron con sus hijos a aquella casa. Una casa donde pensaban formar el hogar con el que siempre habían soñado. Pero poco tiempo después, comenzaron a producirse sucesos extraños e inexplicables: tenían pesadillas aterradoras y escuchaban voces persistentes que parecían proceder de una presencia maligna que todavía asolaba la casa.

Kathy, confundida y asustada por la enigmática relación que su hija Chelsea mantiene con una amiga imaginaria llamada Jodie, luchará por mantener unida a la familia. Mientras tanto, su esposo George se comporta de forma cada vez más extraña. Se pasa día y noche encerrado en el sótano de la casa hasta que, finalmente, descubre un pasadizo que conduce hasta una misteriosa y escalofriante “Habitación Roja”. En la cabeza de George comenzarán a brotar visiones lúcidas y voces malignas; la casa cobrará vida en un clímax terrorífico y finalmente, George terminará protagonizando los escalofriantes sucesos que serán recordados por siempre como “The Amityville Horror” (La morada del miedo).

Descarga:http://www.mejortorrent.com/peli-descargar-torrent-2165-La-morada-del-miedo.html

amityvillehorrorhouse

Clínica del Dr. Guija (Sevilla)

residencia dr guija

La clínica del Dr. Guija, estuvo por mucho tiempo abandonada, casi derruida, era un edificio emblemático en Sevilla pero sus condiciones actuales dejaban mucho que desear y se daba más a relacionarlo con el terror que con la finalidad y práctica laboral que se llevó a cabo en su interior…el tiempo hizo el resto… y su apariencia.

Construida en el año 1919 por colaboradores del afamado y reconocido arquitecto Aníbal González el edificio destacaba por sus azulejos y líneas clásicas, destinada inicialmente al Organismo de Investigaciones Agrarias encontrándose en pleno corazón de la Avenida de la Cruz del Campo. Fue en el año 1956 cuando el Dr. Eduardo Guija adquiere el inmueble y comienza a funcionar un 9 de Febrero de 1957 como institución psiquiátrica hasta 1966, fecha en la que fallece tomando la dirección de la misma su hijo hasta el cierre de la misma en 1974. Tiempo después, en la década de los 80 se abre el edificio como negocio dedicado a la restauración como “Parrilla Argentina” . El restaurante cerró tiempo después y el edificio ,sobre el cual pesaba ya la fama de maldito para sus inquilinos, moradores o compradores, paso a ser adquirido por una inmobiliaria quien posteriormente lo vendió al Ayuntamiento de Sevilla y a partir de ahí y durante esas fechas el abandono y mala presencia fue el principal inquilino de sus habitaciones.

Mucha era la leyenda negra de aquel lugar…sombrío y siempre en la penumbra del lugar, de aquel recodo de la calle. Como se ha comentado, durante mucho tiempo el edificio fue propiedad del Dr. Guija, reputado médico psiquiatra sevillano que trataba directamente enfermedades mentales y relacionados en esta su clínica en Sevilla. Dada la confidencialidad y el secretismo que rodeaba al médico y a sus pacientes se creyó ,por parte de algunos sevillanos de a pié, que en su interior se realizaban terroríficos y terribles actos contra el ser humano…era la psicología humana que tendía a ver lo que no había e imaginar terapias de electroshock entre alaridos y mortificaciones… La casa se abandonó y poco a poco el tiempo se fue adueñando de ella, muchos eran los jóvenes que dada la actividad que había desarrollado la misma se decían:” vamos a hacer oui-ja en el manicomio del Dr. Guija” y allá iban buscando la nocturnidad y tenebrosidad de sus paredes y entornos para jugar y buscar lo prohibido…lo oculto.

Muchos fueron los que se dejaron llevar por el encanto y el romanticismo de su historia así como por lo misterioso y afirmaron haber sentido presencias, visto sombras e incluso afirmar que aquella casa, otrora majestuosa, estaba maldita… así ,poco a poco, el lugar se fue cargando de una leyenda negra en Sevilla que la tildaban de casa maldita y encantada… Gritos, lamentos, gemidos,…era un sin fin de comentarios y rumores que corrían por Sevilla , y que realmente nadie había vivido en primera persona, que junto con el edificio del Cine Fantasio en Sevilla captaban la atención paranormal en pleno finales de los 90. Fue el investigador malagueño José Manuel Frías quién desempolvo esta leyenda urbana y se hizo eco de las historias que corrían en torno a ella. En esa época todos relacionaban el apellido del psiquiatra al “juego” de la oui-ja y no hacía más que acentuar su leyenda que poco a poco iba añadiendo componentes y tintes que cargaban de más dramatismo la misma. Se decía que en sus bellos jardines estaban enterrado pacientes que clamaban justicia desde el más allá, el decir popular tildaba cada vez más de maldiciones el lugar…Incluso en su interior se decía que se habían cometido todo tipo de actos contra el ser humano, siendo ocultados o quemados en la propia casa… historias sin fundamentos que engordaban poco a poco y más toda esta leyenda urbana formada a partir de 1974.

Los trabajadores que acudían al lugar a desempeñar algún trabajo de jardinería, fumigación o estabilización del edificio lo hacían con miedo por las historias que circulaban en torno a la misma y no eran pocos los que salían del inmueble convencidos de haber vivido alguna experiencia paranormal…la sugestión humana actuaba cuando se oía hablar del edificio maldito del Dr. Guija… Atraídos por la fama del lugar se realizaron filmaciones cinematográficas de distinto metraje en su interior ,tales como los denominados -con los desafortunados títulos- “Las perras de Satán” o “Invasión Travesti” e incluso asimilaron el apellido del Dr. Guija para uno de sus personajes… El director de uno de estos films, Jerónimo de los Santos, narraba su experiencia en su interior e incluso su tendencia a dejarse llevar por esta embriagadora historia: “el lugar es extraño y terrorífico, dentro de él se ha dicho que había fantasmas y se ha tildado de terrible la figura del Dr. Guija”…A ello hemos de sumarle la gran cantidad de personas que han entrado en sus interior atraídos por el misterio, indigentes buscando refugio y otras actividades menos saludables que hicieron al edificio ganarse la denominación de maldito e inseguro… Durante muchos años todos estos comentarios habían y han alimentado esa leyenda. Han transcurrido más de un lustro y la casa del Dr. Guija muestra un aspecto bien diferente…Hoy las obras de remodelación del edificio han casi terminado, la constructora Bellido ha realizado la rehabilitación del mismo con notable acierto y respetando toda sus estructura y entorno, el Departamento de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla (GMU) decidió acometer las obras en la misma y utilizarlo como lugar de cultura y encuentro social de la zona, tan necesario y útil. Durante las obras de rehabilitación del mismo no se produjo ni se ha producido ningún acontecimiento extraño o paranormal, no se han encontrado restos humanos ni indicios de ellos, ni cámaras ocultas con oscuros propósitos ni falsas paredes… Los vigilantes de seguridad no muestran temor ni síntomas de haber vivido nada paranormal pese a conocer la leyenda del lugar :”aquí no pasa nada” nos comentaba lacónicamente uno de ellos al consultarle, los obreros que han trabajado en el mismo ríen y dicen “aquí no hemos notaba nada raro pese a que conocíamos esa historia” y de esta forma el edificio ha quedado rehabilitado y casi con el mismo esplendor que tuvo antaño… atrás quedan las historias y leyendas que circularon sobre él, los muchos testigos dejados seducir por sus misterios y el miedo que su sombría apariencia grabó en el subconsciente sevillano hasta hacer de él toda una leyenda urbana que hoy, en pleno siglo XXI ,termina.